Castro y Ramallal

¿Me lo cuentas o me lo gritas?

Compartimos alegremente los éxitos del día a día –personales, sociales y profesionales- en nuestras redes sociales y aplicaciones de mensajería instantánea. Pequeños momentos, experiencias maravillosas que suavizan las rutinas y aumentan la confianza en las metas que nos marcamos.

Gritar a los cuatro vientos la (supuesta) felicidad que experimentamos hace que abusemos de la mayúscula sostenida, escribimos todo el comentario en mayúsculas con el deseo de aumentar su relevancia.

Ascensos, viajes, reconocimientos, experiencias, regalos, juergas se ofrecen sin recato en imágenes acompañadas de breves textos, escritos, por supuesto, en mayúsculas.

Las personas con deficiencias visuales leen mejor en mayúsculas. Ampliar el tamaño de la fuente utilizada e incluir marcadores tipográficos –negritas, subrayado, etcétera- facilitan igualmente la lectura.

Escribir en mayúsculas hace más difícil la comprensión del texto, al ofrecer un horizonte lineal homogéneo, y favorece la fatiga visual.

Escribir en mayúsculas se interpreta como una imposición.

Escribir en mayúsculas se interpreta como un grito dirigido al lector al que nos dirigimos.

¿Quieres destacar una palabra o una frase corta?

Recurre a la negrita, subráyala u ofrécela entre exclamaciones.

¿Me lo cuentas o me lo gritas?

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