Castro y Ramallal

¿Cómo reaccionas ante una pregunta difícil en una presentación?

¿Improvisamos o preparamos las posibles preguntas difíciles?

La preparación favorece la capacidad de improvisar y ofrece recursos para responder a las preguntas que nos formulan en una exposición oral.

Ofrecer una respuesta profesional, adecuada y correcta a todas las preguntas que plantean los asistentes a nuestra exposición es el deseo de todo sujeto que habla en público. La preparación del discurso y el planteamiento de todas las cuestiones que puedan formularnos -por sencillas, extravagantes o ridículas que sean- colaboran en el objetivo de ofrecer una respuesta útil.

Pide a personas de tu confianza, representantes de las más variadas áreas de especialización e intereses intelectuales distintos, preguntas sobre los temas propuestos que plantearían a un conferenciante si asistieran a su charla.

Una vez anotadas, no hay que confiar únicamente en la memoria, preparar concienzudamente la respuesta que darás a cada una de ellas incrementa la confianza que te acompañará en la preparación de tu charla.

Responder con control sobre la cuestión planteada, sin demorar la contestación e introduciendo amortiguadores otorgan valiosos segundos para pensar en las palabras adecuadas. Recursos en forma de acciones o frases en línea con el mensaje a ofrecer, y que clarifiquen posibles dudas que hayan surgido.

La extensión de la respuesta está determinada por la importancia de la pregunta.

Negar una evidencia, ponerse a la defensiva o entrar en descalificaciones personales o profesionales es una actitud errónea, y una ausencia de respuesta.

¡Las preguntas que nos formulan nos dan la oportunidad de reforzar el mensaje que enviamos!

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